El esfuerzo no paga las facturas: la verdad sobre el resultado

Puedes trabajar hasta las tantas, sudar la camiseta y darlo todo. Pero si el pan no llega a la mesa, no hay cena.

El esfuerzo no paga las facturas: trabajo y resultados

Tu mujer te dice por la mañana: "Trae pan." Tarea simple. Qué hay que pensar — paras en la tienda, coges una barra, la llevas a casa. Hecho. No hace falta medalla, pero el trabajo está completo.

¿O no?

Esa noche os sentáis a cenar. El pan fresco debería estar en la mesa. No la barra de ayer que se desmigaja bajo el cuchillo como si se vengara de algo. No ese ladrillo de oferta con el que podrías clavar clavos. No una baguette cuando tu mujer ha hecho cocido — porque cocido con baguette es muy vanguardista, pero ella no lo va a apreciar como esperas.

El pan que va con la cena. El pan que de verdad apetece comer.

Eso es el resultado. No el acto de comprar — el valor en la mesa.

Esfuerzo no es lo mismo que resultado

En el trabajo pasa exactamente igual — solo que por alguna razón es menos obvio.

Un diseñador tiene una semana para crear una maqueta web. Trabaja con honestidad — se queda hasta tarde, prueba opciones, consulta a compañeros, bebe café en cantidades industriales. Llega el lunes, se la enseña al director de arte.

"¿Listo?"

"¡Sí, aquí está!"

"Esto no vale. Aquí hay un lío, esto no se lee, esta parte se sale del brief completamente."

"Pero si me he esforzado mogollón. Le he dedicado un montón de tiempo..."

Y aquí es donde se pone interesante. El diseñador cree de verdad que "lo ha hecho" — porque ha trabajado. ¡Ha estado ahí sentado! ¡Se ha quedado hasta tarde! Pero el director de arte ve otra cosa: la maqueta no puede pasar a desarrollo. No hay resultado.

¿Quién tiene razón? Los dos están convencidos. Pero aquí está la verdad: el esfuerzo es proceso. "Hecho" es resultado. Puedes darlo todo y no entregar. Y puedes entregar fácil y rápido — e irte a casa a tu hora. Solo cuenta el resultado.

Cuando lo haces todo bien — y aun así no entregas

Vale, dirás, culpa del diseñador — debería haber trabajado mejor. Justo. Pero la cosa se pone más dura. Cuando lo haces todo bien — y aun así no entregas.

El Viejo de Hemingway sale al mar solo. Encuentra un marlín enorme. Lucha con él tres días — sin comer, sin dormir, las manos destrozadas. Y gana. Ata el pez al barco y navega a casa. Aquí debería llegar el triunfo. Sube la música, salen los créditos.

Pero en el camino de vuelta, llegan los tiburones. Uno, luego otro, luego una manada. Santiago los combate — con un remo, un cuchillo, las manos desnudas. Inútil.

Llega a la orilla con un esqueleto.

El proceso — heroico. Tres días de batalla que merecen ovación de pie. El resultado — huesos en el muelle. Y ningún aplauso va a recomponer ese pez.

Cuando tú cumpliste — y otro no

Pero hay algo todavía más frustrante. Cuando tú cumpliste con tu parte — y otro no cumplió con la suya. Y ahí estás, caballero con armadura reluciente que vino a rescatar a la princesa, pero el castillo está en obras y el dragón de vacaciones.

Un freelance entrega un proyecto. Todo según especificaciones, en plazo, revisiones incluidas. Solo queda una cosa — cobrar. El cliente dice: "Te lo paso la semana que viene." Una semana. Dos semanas. Un mes. "Sí, sí, pronto" — luego silencio. ¿Te suena?

El freelance hizo todo bien. El cliente se está portando fatal. Pero aquí está la pregunta: ¿la cuenta de quién está vacía?

La del cliente no. El cliente está usando el producto terminado. El freelance está tieso, calculando cómo pagar el alquiler.

Responsabilidad significa control

El pan, el diseñador, Santiago, el freelance. Cuatro historias. Escalas distintas, grados de injusticia distintos. Pero una conclusión.

Si aceptas una tarea — el resultado es tuyo. No las circunstancias, no los demás, no las "razones objetivas." Tuyo.

Es una verdad dura. Lo sé. Quieres decir: "¡Pero eso no es justo!" — y tendrías razón. No es justo. Pero esta dureza — también es lo que te libera.

Porque si la responsabilidad es tuya — el control también lo es. Puedes hacer algo: buscar otro camino, escalar el problema, cambiar de proveedor, exigir pago por adelantado. Actuar.

Pero si culpas a las circunstancias — te quedas indefenso. Como ese caballero ante el castillo cerrado — ahí plantado, echando humo, y la princesa sigue sin rescatar.

Volvemos al pan

"Hecho" no es comprar pan. "Hecho" es el pan correcto en la mesa a la hora correcta.

Qué pinta tiene "no hecho":

  • ¿Se te olvidó comprarlo? No hecho.
  • ¿Compraste el tipo equivocado? No hecho.
  • ¿Lo compraste, pero resultó estar duro? También no hecho.
  • ¿Compraste el correcto, pero se te cayó en un charco de camino a casa? Ya, lo pillas.

Resultado es valor en el mundo de quien recibe tu entrega. Tu mujer necesita pan para la cena. El director de arte necesita una maqueta lista para desarrollo. El cliente necesita un producto que resuelva su problema.

Todo lo demás es proceso. Puede ser largo o corto, agónico o fácil, heroico o mundano. Pero solo el resultado se juzga.

Ahora ve a comprar ese pan. El correcto.